* HACIENDO TALACHA,
MÉRITOS EN POLÍTICA

Publicado Abril 23 / 2014.. Por Raúl González Rivera
U

n grupo de jóvenes universitarios fue sorprendido pintando la fachada del edificio de lo que fuera la Fundación Luis Donaldo Colosio que se ubica sobre la avenida Úrsulo Galván y así poder demostrar que quieren hacer "política" de la buena, con la representación mencionada anteriormente.
La nota pasaría inadvertida, porque se trata de cuatro o cinco muchachos, recién desempacados de las aulas de la facultad de Derecho, dependiente de la Universidad Veracruzana, y que con escalerillas, botes de pintura de agua y brochas de diferentes tamaños cambiaban el rostro del que fuera edificio de la Fundación Colosio, el cual podría volver a ser lo que fue hasta hace poco más de un mes, pero como no hay dinero para pagar pintores de brocha gorda, sus colaboradores, aspirantes al cargo público más a la mano, destinan horas de sus actividades "políticas" a pintar sus oficinas.
Sin duda, alguna partida del presupuesto que sostiene a la plantilla de funcionarios y colaboradores de la Fundación Colosio, estaría o tiene como destino su aplicación en el repintado de sus oficinas, pero tal vez, igualmente, les dijeron a sus jóvenes correligionarios que no hay dinero, que alguien se lo embolsa, y no quedando más que los muchachos, improvisados como pintores de brocha gorda, se dieron a la tarea de pintar su edificio.
Como se puede apreciar, esta maniobra obedece al abandono que la mayoría de jóvenes está padeciendo desde hace tres décadas por parte de los hombres públicos y, por supuesto, la ausencia de políticas públicas que permitan el empleo u ocupación laboral de los muchachos, que frisan entre los quince y 25 años de edad, que es una mayoría en este país y que habiendo egresado de la universidad pública o privada, no tienen al alcance un espacio en el mercado del trabajo.
Como una consecuencia de lo que anteriormente se advierte es que a los jóvenes universitarios, sobre todo, se les explote en menesteres muy ajenos a su formación como profesionales en alguna de las disciplinas que se ofertan en el universo de carreras universitarias y, por otro lado, que en la política se les emplee en los menesteres menos socorridos por las oportunidades y las pagas quincenales o mensuales.

* CUANDO XALAPA FUE
CIUDAD DE LAS FLORES

Los balcones de la ciudad lucían repletos de flores y plantas.
De las fachadas de cientos de viviendas pendían las macetas y en sus pórticos también lucían espléndidos los variados colores de las rosas, las gladiolas, las tantas flores blancas y rojas, y los verdes, que hacían merecer a Xalapa el título de la Cuernavaca de Veracruz.
Las familias auténticamente xalapeñas supieron de las bellezas naturales y los atractivos de que se hacía valer la ciudad frente a visitantes de otros estados del interior del país y el resto del mundo.
Empero, no había calle, avenida y quizá colonia, de las cincuenta que conformaban el territorio de la capital hacia los primeros 50 años del siglo XX, que no luciera por sus árboles, pinos, oyameles y araucarias. No la que se construyó de metal y simboliza un pasado que dos generaciones desconocen, como es la de latón, con costo de tres millones de pesos, se dijo, y que se yergue allí a la entrada de la avenida Araucarias, del fraccionamiento de Indeco Ánimas.
Octogenarios y hasta septuagenarios, caballeros y damas, coinciden todavía en que su ciudad enfrenta los estertores de un abandono que gradualmente ha venido dándose, conforme pasaron los últimos sesenta años.
Empero, confirman que esto se debe o responde a que el arribo de ajenos ha afectado grandemente el crecimiento desordenado de la ciudad y, por otro lado, la pobreza intelectual y de imaginación de los políticos, que no supieron ni quisieron avistar políticas públicas adecuadas, lo que daría al traste con la capital que con añoranza recuerdan que fue Xalapa.
La vegetación, como es sabido, le dio a Xalapa por decenios un clima envidiable para el resto de ciudades del interior del país, en principio.
El frío, el calor y una temperatura templada la mayor parte del año, con una llovizna fresca y nunca las turbonadas y vientos del norte y huracanados, le habrían brindado a los xalapeños una ciudad espléndida. Y si a esto le añade usted una existencia tranquila en sus calles, de cafetines tradicionales repletos, para comentar sus comensales sobre los libros de Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Agustín, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, todos acompañándose con una rica taza del café de Abel Torres, el ambiente era más que el adecuado.
Xalapa de mil amores, dice una canción sin haberse consagrado en hit musical, pero que circula en algunos de los comederos de la ciudad.
Empero, sus flores, sus macetas y macetones, los arbustos y árboles, hacían de Xalapa una exuberante ola verde que con su olor a tierra mojada y la chiquillería jugando a los cayucos, las trompadas, los trompos, la rayuela, el quincito, hicieron un vergel de delicias el habitar en la ciudad, entonces sí, de las flores. Sus parques Juárez y Los Berros, fueron la mejor carta de presentación en los últimos 200 años.

* GANANCIAS DE ALCOHOLÍMETRO
Y GRÚAS, QUIÉN LAS AMASA

Una pregunta honesta y sencilla puede tener una respuesta muy importante.
De cuánto está hablando el común de agentes viales y de tránsito, así como las policías que ostentan el mando del operativo consistente en la aplicación del alcoholímetro y el arrastre de carros, con las grúas, que presuntamente limpian por horas el principal cuadro de la ciudad, porque se cree que dada la práctica de ambos programas, muchos cientos de miles de pesos se levantan semana con semana por parte de las autoridades.
El alcoholímetro y la operación grúa, sin duda, han resultado dos excelentes negocios.
Semanalmente caen centenares de ebrios consuetudinarios y otros esporádicos en las redes policiacas y los agentes de tránsito y vialidad, que bien vale la pena que alguien, una autoridad, por supuesto, explique sus avances y montos acumulados con la imposición de sanciones en favor sobre todo de los jóvenes, de ambos sexos, y que hoy día beben licores por cantidades industriales, fuman mariguana y consumen otras drogas enervantes, así como también gustan de correr sus automóviles a grandes velocidades aun en las calles que integran el corazón de nuestras ciudades en el interior del estado.
Nadie que se precie que está en su pleno juicio, puede dar crédito a la práctica de estos dos negocios, en el sentido de que se propongan prever que no se produzcan más accidentes de tránsito y que los consumidores de bebidas espirituosas y enervantes sigan hundiéndose en el fango nauseabundo de las adicciones y los vicios, que muy lamentablemente, muchos padres de sus hijos se niegan a reconocer hasta en tanto no se registre una tragedia en la que sus vástagos sean los artífices de su propio exterminio.
Los dos operativos llevan semanas y meses, seguramente el estado a través del gobierno invierten costosos recursos en elementos de policía y tránsito, patrullas y grúas, así que a los veracruzanos del común gustaría conocer el fondo de estos dos proyectos, que nunca habían tenido lugar sobre suelo veracruzano y que por sus numeritos debe dejar ganancias de muchos cientos de miles de pesos, pero se ignora, y allí está lo sabroso, cuánto suman semanalmente tras de su recaudación y en qué se invierten estos fondos.
Y es que, por cuanto a la presunta recuperación de los adictos detenidos, nadie sabe si hay los grupos, instituciones y consultorios que oficialmente los atiendan y traten de salvar y, por otro lado, a los veracruzanos gustaría saber sobre el negocio de las grúas, aunque es explotado por particulares -sin la autorización de diputados locales-, qué objetivo tiene, porque la ciudadanía ignora en qué caja de caudales y qué inversiones se hacen con la colecta semanaria, que obligadamente borrachos y adictos pagan supuestamente a una de las cajas recaudadoras de la hacienda pública. Esperemos.