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* SOBERBIA ACTUACIÓN
DE DIRIGENTES PERREDISTAS

Publicado Noviembre 20 / 2014.. Por Raúl González Rivera
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ocios del perredismo nacional sugieren que el cuadro de dirigentes del momento acceda con humildad a reconocer que las cosas en sus filas están o van de mal en peor.
Los últimos procesos electorales refieren una caída en la credibilidad de la institución partidaria, pero igual, que cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos han dejado de simpatizar con el supuesto partido político de izquierda.
Empero, con el arribo de Carlos Navarrete sobrevino la posible hecatombe.
El líder adolece de condiciones para dar oído a las exigencias sociales, como ya lo demostraron ante el secuestro o desaparición forzada de 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa.
El mundo parecía venirse en cascada sobre las espaldas del país y el PRD particularmente, ya que el ex alcalde José Luis Abarca ganó la alcaldía de Iguala, precisamente con colores del partido del sol amarillo y específicamente, ahora se cuenta, que con la bendición precisamente de Carlos Navarrete, el líder de estreno nacionalmente.
Y cuando todo mundo condenaba el suceso, que pasa a formar parte de la larga lista de ataques a la parte más sensible de la sociedad educativa, el señor Carlos Navarrete se concretó a invocar un "disculpen ustedes", pero no dijo nada sobre la participación de la pareja imperial, como se conocía a José Luis Abarca y a su esposa en la municipalidad, hoy metida en la desesperanza y el miedo hasta los codos.
De esta forma, igualmente, el partido que surgió a la vida pública hace un cuarto de siglo con los mejores augurios, porque representaría a los librepensadores de las izquierdas, habría obtenido inmediatamente afectos, simpatías y reconocimientos, que la personalidad del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas les inspiró.
Sin embargo, a un cuarto de siglo, el PRD se encuentra ante la encrucijada generada precisamente por las ambiciones, los logros y las constantes derrotas electorales, que han tenido que enfrentar los asociados de esta sigla, que igualmente, hoy más que nunca, o se refunda o morirá irremediablemente.
Lo sabe su fundador, el hijo del Tata Lázaro Cárdenas, quien ha alertado a los perredistas, anunciando una sola petición para poder cambiar el destino de un partido que en mala hora pareciera que perdió el rumbo y se metió al bache de la corrupción, la impunidad y las perversidades políticas que están viviendo los partidos políticos y el propio México de nuestros días.
Y que consiste ese pedido en la renuncia masiva de líderes nacionales del partido, sólo que en el colmo de la soberbia, mucho antes que reconocer Carlos Navarrete y sus corifeos que las cosas andan mal, que el partido se deshace rápidamente y que de izquierda únicamente le queda el recuerdo, se concretó a decir que se pondrá al habla con Cárdenas Solórzano y le hará una invitación para confrontar ideas y entablar el diálogo. A esta sugerencia de dimisión del cuadro dirigente, se han sumado Marcelo Ebrard Casaubón y un centenar de perredistas, a los que en estricto sentido democrático Navarrete y tribus deberán escuchar. Esperemos.

* MALES DEL PAÍS,
SIN RESPUESTA

Cuando el presidente de la república asegura que hoy se atrevió su administración a cambiar, pero que hay quienes no lo dejan, quizá habría que ahondar en las consultas y el diálogo con la gente sencilla del pueblo mexicano, que es la mayoría, para definir sobre todo que los males que arrastra esta hermosa nación azteca no son de este momento, ni de ayer, sino que vienen de los últimos cien años cuando menos de vida que tiene la república.
El estallido social, sin duda, está a la vuelta de la esquina.
Los males sociales no surgieron con la desaparición forzada de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa.
Los problemas no hicieron crisis cuando las fuerzas armadas ejecutaron a 23 muchachos, malosos si usted quiere, pero ejecutados en Tlatlaya, en el estado de México. Y tampoco el malestar colectivo se dio con las matanzas que se dieron con el gobierno panista de Felipe Calderón o los miles que han sido sacrificados violentamente en el lapso del régimen federal actual.
No, el malestar social viene de los días posteriores a la revolución mexicana, que no ha podido cristalizar los viejos anhelos de libertad, igualdad social y realizaciones plenas para todos los mexicanos. La revolución que pudieron realizar Pancho Villa y Emiliano Zapata, cubrió en una primera etapa con el corte del listón umbilical, al que estaba sometido el pueblo de México con el general Porfirio Díaz, cuya travesía política sumó 34 años ininterrumpidos.
Empero, se dieron dos y hasta tres sexenios con alguna tranquilidad social, pero que no consumaron la estadía de un pueblo con democracia y que elevara los niveles de vida de las mayorías, que ahora son más pobres, sobreviven en la intranquilidad, la inseguridad pública y la alta criminalidad.
La ruptura de ese letargo la dieron precisamente los estudiantes, al lanzar sus primeras protestas y la respuesta que diera el presidente Gustavo Díaz Ordaz, ordenando una matanza sin precedentes en el mundo inclusive, abrió igualmente el capítulo que sigue sin cerrarse y sí, por el contrario, que los regímenes de la sucesión arreciaron con matanzas inverosímiles y cobardes.
Junio de 1971, igual, otra masacre.
Y después en el desbarrancadero, como ocurrió en Aguas Blancas, también del estado de Guerrero, cuya impunidad sigue sin ser resuelta ni satisfecha con la aplicación de la justicia.
Acteal, en 1997, deja como saldo la matanza que alcanzó a 45 jóvenes indígenas, cuyo castigo sigue pendiente de darse.
Tlatlaya, ahora Ayotzinapa, es decir, pero nada del presente. La carga viene de largo tiempo y un sexenio seguramente no podrá satisfacer a las inmensas mayorías de un país, lleno de sangre, traidores y sinsabores, que evidentemente vienen acumulándose en los años y los sexenios.
Empero, lo bueno, que las voces de protesta hoy no se asemejan a las del ayer histórico, en que los mexicanos daban su crédito a las instituciones públicas y estaban acostumbrados a que papá gobierno todo lo resolvía o, de lo contrario, si no lo hacía, sometía a las conciencias populares.
Por fortuna, el momento es radicalmente diferente. La gente no confía ni cree en nada. Hizo de lado a los medios informativos tradicionales y hoy utiliza las redes sociales y los portales libres de internet para hacerse sentir y llamar a la reunión pública, el mitin, la protesta, lo que sorprende irremediablemente a todos, si se quiere. Pero además, la gente sale a la calle y protesta y les grita –porque ya no teme– a las televisoras conocidas, que no les creen, porque no dicen la verdad.
Y contra este monstruo de millones de cabezas y que protesta de manera airada, no es nuevo, ya corrió más de cien años sin ser satisfecho. Y cuando la hambruna, el desempleo, la falta de escuela, los bolsillos rotos, sin dinero y sin expectativas, evidentemente la crisis revienta y sus alcances son mucho más dañinos.
El descrédito en instituciones y hombres públicos no es nuevo, allí estaban, esperando los detonantes. Ahora es Ayotzinapa y Tlatlaya, pero seguramente a estas horas ya se estará gestando otro tramo, un nuevo episodio precisamente de la insatisfacción social, que suma ya más de cien años.
Al régimen de turno le toca apechugar, mas no resolver los sinsabores que recibió como herencia en el último centenario. No se dude.

* UV EN CLASES, EL
RESTO DE PLÁCEMES

La razón legal, social y universitaria le asiste a la rectora Sara Ladrón de Guevara González, al llamar a la comunidad estudiantil y magisterial que sigan asistiendo a clases, porque su calendario está por cerrar actividades educativas y los jóvenes en el ocio corren mayores riesgos.
Por fortuna, la universidad, como institución que enseña, investiga y difunde la cultura, aquí y en el resto del mundo, se consolida como la institución que forja en el mejor de los propósitos a los futuros profesionales que habrán de atender las distintas áreas del quehacer laboral y en beneficio de los adeptos o gobernados de cualquiera de los regímenes y sistemas de gobierno.
Es la universidad, el lugar donde se analizan científicamente las cuestiones que ven con el futuro del país, diría el doctor José Narro Robles, rector de la UNAM, y aquí en Veracruz, la doctora Sara Ladrón de Guevara, cuando pide a la comunidad universitaria que no abandone aulas, que acudan con sus maestros a estudiar e investigar, está en su absoluto derecho y carácter como autoridad.
La Universidad Veracruzana fue dotada de autonomía durante el mandato constitucional de Miguel Alemán Velasco. Y grave o muy grave, sería que el poder público, porque es tal, acometiera ordenando a la institución que se vaya de asueto el resto de la quincena que corre del mes de noviembre.
La vagancia o la holganza, ya han corrido con magnífica suerte largo tiempo.
El frío o el calor son parte del habitar cotidiano de los estudiantes y los académicos, pero de ninguna forma les va a afectar mayor cosa, si cumplen con su obligación y deber.
Esto, porque hay los analistas que insisten en que la SEV manda incluyendo a la máxima casa de estudios, cuando la primera incluye a las escuelas del sistema de secundarias y bachilleres, pero no más. La UV cuenta con una ley orgánica que rige su cotidiano hacer en aulas, laboratorios y los institutos de investigaciones, como es posible avistar a sus alumnos y maestros concurriendo mayoritariamente a sus labores cotidianas.
Si bien es cierto que la autoridad del poder ejecutivo goza de primacía en un estado de derecho, también no es menos cierto que, en la entidad, aquélla de siempre ha mostrado respeto, distancia sana y apoyos a su comunidad, con la dotación de equipos, construcción de aulas y el pago de becarios en instituciones de posgrado dentro y fuera del país.
No hacerlo, sostendría el rector de la UNAM, sería una traición, porque en la universidad se están formando los profesionales que deberán atender las exigencias materiales y culturales del país, en un porvenir.
La libertad de cátedra, sin duda, la más noble de las actividades laborales en este injusto sistema de vida público mexicano, honor a la verdad, merece reconocimiento y respeto de todos por cuanto a su práctica de todos los días.
En ese contexto, la doctora Sara Ladrón de Guevara llama justamente a sus estudiantes y maestros a no soslayar responsabilidades y el compromiso con los padres de familia y la sociedad en general. Al tiempo.