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* LA LIGA CENECISTA
ENFRENTA CRISIS

Publicado Julio 29 / 2014.. Por Raúl González Rivera
N

i el espíritu de Úrsulo Galván y el resto de los próceres agraristas de los primeros cincuenta años del siglo XX han podido calmar a los hombres del agro que ayer también celebraron su plantón-mitin en el corazón de la ciudad para demandar justicia.
El campo se está muriendo de hambre. Rezan los campesinos que hacía muchísimos años que abandonaron momentáneamente las tierras en donde radican y se vinieron a Xalapa, para enderezar igualmente la reclamación de un líder y ante el gobierno, que ya los olvidó, como dijeron varios de ellos al gritar y lanzar blasfemias en muy bajo tono, como queriendo que se supieran sus sentires, pero igual, que no fueran a afectar a terceros.
El tercer sector en que se sostuvo el imperio del partido de don Plutarco Elías Calles se está desmoronando. Quedaba, si es que algo quedaba, en las trincheras de la CNC y los cuadros de sus ligas de comunidades agrarias en el interior de la república, las cuales fueron –eso fueron– poderosas hasta antes de que Carlos Salinas firmara el TLC con Canadá y el Tío Sam.
El campo entonces generaba la mayor producción que los mexicanos consumían en sus mesas.
Había de todo, frutas, carnes, verduras y huevo. Las abuelitas del pasado-pasado se constituían en las reinas de la cocina, porque había sus fruteras y platones chisporroteando comida diversa. Entonces los hombres del campo comían y vivían mejor que quienes ocupaban un espacio en el llamado medio más urbanizado.
Y en ese tenor, fueron inmensamente poderosos los amos del agrarismo nacional, los últimos cobrando en trincheras oficiales: Augusto Gómez Villanueva y Alfredo V. Bonfil…. Y aquí en la provincia veracruzana, Agustín G. Alvarado, quien cobró fama de ser un dirigente que sumaba, no dividía, un tanto honesto y algo más de mañoso. El resto, de dirigentes rurales de adentro y de fuera del gobierno se contentaban porque los bienes y mieles del poder que mandaba, también llegaban a sus parcelas, ranchos y bolsillos.
Después, la hecatombe. El campo disminuyó su producción y productividad. La naranja, el limón, el café, ya no son la panacea de este estado y el resto del país. Lo que se comen los mexicanos viene de los Estados Unidos de Norteamérica. Unos dicen que es el 85 por ciento, nadie lo duda, en tanto la tierra es abandonada. Un millón de hombres y mujeres han salido del país con rumbo al vecino país del norte, huyendo obviamente, porque el hambre está canija, sostiene Genaro, de Alto Lucero.
El medio rural son las casas chicas y grandes cerradas, puestos los candados y cadenas, vacías, en espera de que algún día volverán sus moradores.

* MULTAS CONTRA
CIUDADANOS SUCIOS

La mugre tiene numerosos rostros, así que uno de ellos lo va a sancionar el ayuntamiento municipal de Xalapa.
Todo aquél que ignore la campana del camión recolector de basura, será sancionado con el pago de hasta seis mil pesos, si reincide.
Los xalapeños fueron en el pasado no lejano, o aquellos que corresponden a los años ochenta para atrás, celosos guardianes de la imagen citadina. No había casa o vivienda que no luciera sus flores, los árboles de naranjas y limones y muchos colocaron sus macetones a las puertas de sus construcciones, luciendo rosas, gladiolas, vaya, hubo un tiempo en que las amapolas no estaban calificadas como una futura droga enervante.
Las amas de casa cuidaban o vigilaban celosamente que sus flores, rosas y una infinidad de variedades lucieran espléndidas, sus colores limpios y coadyuvando a la oxigenación del medio ambiente.
Sin embargo, cuando apareció la CMAS, inició su verborrea anunciando que el agua se limitaría porque la temporada de estiaje acaba con los mantos acuíferos, amén de que no todos pagan sus consumos con puntualidad. En efecto, hay los poderosos que nunca han cubierto un quinto partido por la mitad. Además, los cobros por tarifas se incrementan frecuentemente y sin ningún aviso previo a los consumidores.
Las honestas amas de casa y los señores que gustaban de las plantas y la vegetación en general, acabaron por sepultar sus aspiraciones de mostrar una ciudad amable. Vaya, hasta en algún momento se dijo que Xalapa era la Cuernavaca veracruzana, en franca alusión a que la ciudad morelense era o sigue siendo un jardín viviente.
Xalapa, no. Dejaron de instalarse macetas y macetones en las banquetas y los corredores y aceras ídem. Desaparecieron paulatinamente. No hay agua, se las roban malos vecinos, fueron los pretextos para no continuar con una capital limpia, oxigenada y fresca.
Parques públicos y áreas verdes exhiben el color amarillo de sus flores y árboles, porque les faltan agua y nutrientes.
Acaba de informar el ayuntamiento que restaurará algunas variedades que se localizan en el paseo de Los Berros. Enhorabuena, ojalá no sea demasiado tarde, porque dicho espacio de reunión para familias completas los fines de semana, evidencia su marcado abandono y olvido. Si alguien lo duda, que se dé una vuelta completa por sus pasillos y verá lo que hasta hace dos décadas había ocurrido como un bosque así, repleto de una rica vegetación.

* DE AMBULANTES
Y PEDIGÜEÑOS

Como cada que se estrena una autoridad municipal, Xalapa vuelve a ver un amplio desfile de vendedores informales y pedigüeños y practicantes de suertes circenses en las principales calles, pero todas del corazón de la capital del estado de Veracruz.
Y con ellos, el mal que empaña la imagen de una ciudad que se presume en los boletines de prensa de ser la ciudad por excelencia cultural, de intelectuales y asiento del mayor número de escuelas de los tres sistemas de enseñanza primaria, secundaria-bachilleres y la universitaria.
Los ambulantes proceden de las entidades colindantes de Puebla, Tlaxcala y el Estado de México y los pedigüeños, en mayoría aplastante, provienen de los lugares más empobrecidos de la entidad, cuyos progenitores también sobreviven a costillas de los niños y niñas que demandan la limosna de los xalapeños y cuantos habitan o están de visita temporalmente o de paso en esta capital.
El titular de comercio y reglamentos no los ve ni oye y tampoco lee en los medios las alusiones que cotidianamente se difunden acerca de los ambulantes que toman las principales calles para promover sus ventas, que bien pueden ser artesanías traídas de las sierras veracruzanas, sarapes, adornos caseros, flores artificiales, cigarrillos, chicles y otros productos, que extienden a lo largo de la calle de Enríquez, Zamora, Doctor Lucio y otras aledañas.
Los actos del circo que otros realizan, jovencitos de ambos sexos, como tragafuegos y payasitos, al paso de los automovilistas, los cantantes y marimberos, que a muchos ya les parecen insoportables debido a que se apostan y toman como suyas las arterias públicas que integran al corazón de la ciudad, para poder ganarse la subsistencia. Empero, no cuentan con licencia ni permisos ni autorizaciones porque se trata de preservar el centro del ranchote en que se convierte de esta forma a la "ciudad" de las flores". O por lo menos eso es lo que justifican funcionarios municipales.
Y es que a decir de algunos de los ediles, los ambulantes y los pedigüeños dan la imagen de ser Xalapa una ciudad de pobres. Y a los políticos ni les gusta ni les conviene.